BREVE HISTORIA DE LOS DEBATES PRESIDENCIALES EN EE UU
‘¿Pediría la pena de muerte para el violador y asesino de su mujer?’
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- “No haré de la edad un asunto de campaña. No explotaré la juventud e inexperiencia de mi oponente”, dijo un setentón Reagan de Mondale.
- Antes de la televisión, los candidatos a ocupar la Casa Blanca no debatían. En realidad, hasta bien entrado el siglo XX ni siquiera hacían campaña. La televisión lo ha cambiado todo. El primer debate televisado fue entre un John F. Kennedy moreno, descansado, y unRichard Nixon convaleciente, que había rechazado el maquillaje y al que millones de espectadores vieron secarse el sudor de la cara. “54 millones de televisores, ¿cuántos votos?”, se preguntaba el New York Times. Los suficientes para que Kennedy ganase las elecciones de 1960. El voto entra ya por los ojos.
El efecto electoral fue tan claro que ambos partidos no volvieron a acordar un nuevo debate hasta 1976. Ese año comenzó una tradición de los debates televisivos: las grandes meteduras de pata. Gerard Ford, de quien Lyndon B. Johnson dijo que no podía andar y mascar chicle al mismo tiempo, afirmó: “No hay un dominio soviético de Europa del Este”. Y no era un agente ruso al servicio de la propaganda de Moscú, sino el candidato republicano. James Stockdale, número dos de Ross Perot, comenzó su intervención preguntándose en voz alta: “¿Quién soy? ¿Dónde estoy?”. Las carcajadas provocadas por esta crisis existencial se oyeron en todos los rincones del país.
Ha habido otros errores más sutiles, pero igualmente devastadores. Al Gore (2000) suspiraba con suficiencia cada vez que George Bush hablaba. Mostraba así una arrogancia que hacía más visibles los numerosos errores que cometió él al hablar. John McCain, ocho años más tarde, se refirió a Obama como “ese tío”; un gesto de desprecio que fue muy mal acogido por la audiencia.
Hábiles juegos de floreteMichael Dukakis, cuando se le preguntó si se opondría a la pena de muerte de un violador y asesino de su mujer, dijo sin dudar: “No, no lo haría”. La seguridad de su respuesta se vio como frialdad frente a la tragedia de la víctima. Seguramente es injusto, pero la televisión sí que es cruel.
También ha habido lugar para derechazos y cuentas atrás sobre la lona. Y para hábiles juegos de florete. Un ejemplo de lo primero es aquel momento, en el debate de 1988 entre los candidatos a vicepresidente. Dan Quayle, objeto de los chistes que nosotros dedicábamos a Morán, dijo que él tenía tanta experiencia para ser presidente como la que tuvo Jack Kennedy cuando quiso alcanzar esa magistratura. “Senador”, le replicó Lloyd Bentsen, “Yo trabajé con Jack Kennedy. Yo conocí a Jack Kennedy. Jack Kennedy fue amigo mío. Usted no es ningún Jack Kennedy”.
Pero el maestro de los debates sigue siendo Ronald Reagan. La prensa había convertido al gobernador de California en un malo de cómic. Él se mostró seguro y afable, y su frase “ya está otra vez con lo mismo” cuando hablaba Carter despertó simpatía en los espectadores. Le bastó preguntar a los estadounidenses: “¿Está usted mejor que hace cuatro años?” para ganar. Quizás su momento más brillante fue el último debate frente a Mondale en las elecciones de 1984. Tenía 73 años y un periodista le preguntó si su edad no podría ser objeto de controversia. “Yo no haré de la edad un asunto de esta campaña. No explotaré por motivos electorales la juventud e inexperiencia de mi oponente”. Incluso Mondale se echó a reír. Y convirtió un flanco débil en una nueva victoria. FUENTE INTERECONOMIA.COM













